Hacer la plancha

martes, junio 17, 2008 | |

Por Maximiliano Crespi [para Perfil]*

Casi mediodía y el sol cae a plomo. El resplandor en el agua me deja gratamente ciego y apenas imagino el rostro de un hombre para esa pulpa flácida y colorada que flota ahí nomás. “—Entendelo, lindo. La cosa es como es. Y ahora es por sustracción. Yo le erré. La vi tarde. Ahora ya está; muero en ésta”. “—¿Y yo?”. “—¿Vos? Poquito, muy poquito: la puntita. Haceme caso”. “—¿Que la sientan cuando ya esté adentro?”. “—Eso. Palpá, tanteá, olfateá. Mentí un tanto, para ver dónde están. Sigilo. Si das más, tomás el riesgo, ¿capiche?”. “—¿Y ese poquito?”. “—Ni qué decir, pichón. Lo mejor que tengás: la leche espesa, el primero de la mañana.”, sonríe con malicia.
“—¿Querés o no querés? Estirate si querés”, le paso el mate medio vacío. “—Dame, traé. No te hagas el gil que no te lo estoy cobrando, pibito”. “—Desde ya, Don Segundo”. “—¿Sabés lo que te falta a vos?” “—¿Experiencia?” “—No, no. Te falta lo que hay que tener, lo que yo no supe que tenía. Para salir hecho en esto es fundamental saber estar; llegar se llega, lo difícil es mantenerse. Saber estar: al día, pituco, predispuesto siempre, como un mormón. Es así. Si no sabés estar desaparecés. Te voltea cualquiera”. “—Vos…”. “—Es distinto, pichón. Caso aparte. No la vi, pero ahora la veo clarita. Saber estar: ser livianito. Plumífero. Flotar. Hacer de todo un poco y de poco un todo. Blandito, flexible: articular”. “—Esa retórica, lo soft, lo light…”. “Haz lo que yo enseño, no lo que me sale: el menemismo no inventó nada, chiquitín”. “—Lo regimentó: lo hizo ética”. “—¿A vos te parece? Hay mil ejemplos, de los nuestros digo”. “—Pero en algún punto…”. “Sí, seguro. Decisiones. Elegir. Aunque se elija que elijan otros, ¿no?”. Una mosca brillosa le anda alrededor de la boca y lo obliga a hacer complicadas morisquetas para espantarla: “Después, el abecé. Reglas básicas: no escupir para arriba, no mear contra el viento, no decir que nunca de esta agua. Lo demás: bicicleta, pedal. ¿Cómo es que dice el viejo?”.
Veo la pila de libros: mucho en francés, biografías de escritores. “—Si no fumo me ahogo”, carraspea. “—¿Cursus honorum?”. “—Sí, eso, cursus honorum. Más: por ahí anda el Diccionario del Tarcus. Abrilo donde quieras y decí”. “—¿Te parece?” “—¿Que si me parece? Pasame el patito, querés. No, no, ése no. El que tiene los cigarros”. Se lo empujo apenas y tiene que hacer olitas con el pie para hacerlo llegar hasta sus manos. “—El trabajo es importante, no te lo niego. Lo tuyo está bien. Para empezar está bien. Pero no te juzgan por eso. Digo: no sólo por eso. Te sopesan; toma y daca. Peso, contrapeso. Balanza de verdulero, ¿entendés? Sí, vos entendés. Parecés boludo pero entendés”, sonríe. “—No sé cómo tomarlo”. “—Como de quien viene, pichón. Como de mearte en la cama te tenés que cuidar. Eso es la izquierda. Rencorosa como novia despechada”. Apreta el cigarrillo entre los labios. Fuma sin soltarlo, los ojos cerrados. “—Por eso: a veces hay decir que no. Eso es importante ¿me oís?”, se tapa el sol con la mano y me mira. “—Pero es al pedo, no me hagás caso. No soy ejemplo. Soy como las putas”. “—Me parecía, por los besos”. “Jajá… Te van a comer crudo, bebé”. “—Como a otros”. “—Sí, nene, como a mí”, mueve los brazos y los pies como haciendo angelitos. “—Decir que sí, decir que no. Eso es todo. Eso y sobrevivir. Para eso no hay recetas”. “—No”. “—Disfrutalo lo que dure, pibe”.
“—Igual a vos te va ir bien. Vas a ver”. “—¿Por?” “—Sos medio putito vos. Y los putitos, vos sabés. Sobreviven, siempre”. “—¿Como cucarachas?”. “¡No te enojés, tonta! ¡Mirá que sos, eh!”. “Tomá, el último, lavado, no da más”. “—Che, ¿en serio no te querés meter un ratito a refrescarte?”. “—Te agradezco, pero igual no cabemos. Es una pelopincho; no una piscina”. “—Ah, con razón me sale tan bien la plancha, ¿no?”.

*Publicado el Domingo 15 de junio de 2008, en la sección "Microrrelato", Suplemento Cultura de Perfil. p. 3.