Posted by : Maximiliano Crespi miércoles, octubre 21, 2009

Recuerdos de La Nueva Provincia...
Obituario de "El diario del sur argentino" a Diana Julio de Masso
"Convencida de sus razones, defendió la legitimidad de la revolución del 16 de septiembre de 1955 en contra del régimen instaurado por Juan Perón, al que "La Nueva Provincia" criticó siempre. Respaldó en buena medida la gestión económica del desarrollismo, llegando a integrar la delegación que acompañó al entonces presidente Arturo Frondizi a los Estados Unidos, en 1959, sin que ello le impidiera a la vez tomar distancia de sus manejos políticos.
En ese mismo año, se abrieron los procesos de licitación para canales de televisión privados en el interior del país y, una vez más, Diana Julio de Massot apostó a la inserción de "La Nueva Provincia" en las nuevas tecnologías de comunicación. Ganó una de las dos frecuencias adjudicadas a Bahía Blanca, el Canal 9, que, bajo el nombre de Telenueva, inició sus transmisiones el 24 de septiembre de 1965.
A partir de junio de 1966, "La Nueva Provincia" apoyó críticamente el derrotero de la así denominada Revolución Argentina, sobre todo durante la presidencia del general Juan Carlos Onganía. Fue entonces, comenzada la guerra revolucionaria de organizaciones armadas de izquierda contra las instituciones de la República, cuando Diana Julio de Massot reveló su mejor perfil combativo, que hizo extensivo al diario que dirigía.
Aquellos años de plomo --luctuosos por donde se los mire--, que dieron lugar a una conflagración civil cuyas secuelas, todavía hoy, resultan lacerantes, no la tomaron por sorpresa. Conocidos los primeros episodios terroristas, comprendió con claridad la dimensión del ataque que enderezaban las facciones revolucionarias --dependientes de uno de los dos imperialismos vigentes en la época-- contra el país de los argentinos, y a partir de tal entendimiento tomó una decisión personal que guiaría la política editorial de "La Nueva Provincia" a lo largo de todo el conflicto: no había, con los enemigos de la Nación, negociación posible.
La confusión reinante en los años de transición entre la Revolución Argentina y el regreso al poder del general Juan Domingo Perón encontraron siempre a "La Nueva Provincia" desenmascarando las falsas declamaciones democráticas con que los movimientos subversivos pretendían justificar la violencia por ellos desatada. Diana Julio de Massot no cedió a lo políticamente correcto y denunció, por igual, los desvíos del gobierno militar --entonces en manos del general Lanusse--, de ciertos sectores de la Iglesia identificados con el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y de los partidos políticos.
En 1973, ante el triunfo de la fórmula Cámpora-Solano Lima, la directora del diario planteó en el editorial del domingo 18 de marzo todo su escepticismo respecto del futuro inmediato, no sin decir, en el párrafo final: "Quiera Dios darnos fortaleza para desechar con igual serenidad el anónimo cobarde y la amenaza encubierta y quiera también legarnos la misma entereza que hizo un día de este diario el vocero inclaudicable de las mejores tradiciones argentinas". Casi inmediatamente, su pesimismo resultaría justificado.
Entre 1973 y 1976, "La Nueva Provincia" sería víctima de un hostigamiento permanente de parte del gobierno y de los grupos de la izquierda y la derecha peronistas que alternaron vigencia y poder durante ese período. Las amenazas personales a los directivos, al personal, a sus familias, unidas a los atentados, el boicot sindical y la utilización de los recursos del Estado para ahogar a la empresa fueron para Diana Julio de Massot el pan de cada día. Y lo recibió sin claudicaciones, sin negociar ni su indemnidad física ni la venta de las páginas de su diario al poder de turno.
Fueron años en que, como nunca, debió plantearse los riesgos de vivir de acuerdo con los principios que sostenía en sus editoriales.
Pasado el tiempo, y con la empresa familiar al borde de la quiebra debido al hostigamiento del gobierno, recibió una oferta de compra por el canal de televisión que, de concretarse, podía paliar la desesperada situación del diario. Con enorme pena, pero dispuesta a sacrificar una parte de lo que había construido para salvar su "buque insignia", pensó aceptarla. Sin embargo, puso como condición conocer el destinatario último de la operación. Al enterarse de que los compradores eran personeros de David Graiver y José Gelbard, a quienes ella consideraba cómplices del proceso de subversión por el que atravesaba la Argentina, prefirió exponerse a perderlo todo antes que entregarles uno de sus medios.
Cada vez que las autoridades le informaron de la inclusión de su nombre en los listados de objetivos de la subversión o se reforzó tal amenaza con la aparición de su fotografía en una de las publicaciones que preanunciaban los crímenes terroristas, Diana Julio de Massot les reiteró a sus familiares directos la instrucción de no negociar por su vida en ningún caso. Y al fundamentar su decisión en la línea editorial que ella misma había mantenido desde el secuestro en Buenos Aires de un cónsul paraguayo, en época de Onganía, remataba siempre con aquello de "no borrar con el codo lo escrito con la mano".
En esos años, frente a las agresiones, las pérdidas materiales y hasta el peligro de muerte, Diana Julio de Massot optó, en cada caso, por los principios. Al extremo de que, entre fines de 1975 y principios de 1976, el diario --cuando sus enemigos lo creyeron quebrado-- pudo continuar su prédica de siempre con una edición de apenas ocho páginas. El diario "La Nueva Provincia" siguió, así, informando a los hogares bahienses que, sin importar lo precario de las ediciones, nunca lo abandonaron. También aquellos fueron años en los cuales el reconocimiento nacional a la independencia y el valor del diario dirigido por Diana Julio de Massot le otorgaron a "La Nueva Provincia" una vigencia a lo largo y ancho del país nunca alcanzada por un diario del interior.
En medio de aquel proceso disolvente que afectaba a la República y con la amenaza creciente del terrorismo marxista, el 24 de marzo de 1976 Diana Julio de Massot consideró que era un deber ineludible respaldar la acción militar de las Fuerzas Armadas. Hasta el final de sus días reivindicó aquella acción."


[Para los que no haya sido suficiente, acá el OBITUARIO COMPLETO]

Leave a Reply

Subscribe to Posts | Subscribe to Comments

Production mode

Followers

Google+

Visitors

Popular Post

Maximiliano Crespi

Es licenciado en Letras por la UNSur y Doctor en Letras por la UNLP, especializado en Teoría y Crítica Literaria e Historia Cultural e Intelectual Argentina y Latinoamericana. Es docente e investigador del Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria (IdIHCS-FaHCE-UNLP) y del CONICET. Trabaja parte del Observatorio de Literatura Argentina Contemporánea (OLAC) y participa del Colectivo de Trabajo Intelectual “Materiales”. Ha colaborado con la Historia Social de la Literatura Argentina dirigida por David Viñas y con la Historia Crítica de la Literatura Argentina dirigida por Noé Jitrik. Antologó, editó y prologó obras de Jaime Rest, David Viñas y Raúl Antelo. Ha colaborado publicado textos críticos y teóricos en numerosas revistas especializadas y en diversos volúmenes colectivos. Es autor de Grotescos, un género (2006), El revés y la trama. Variaciones críticas sobre Viñas (2008), La conspiración de las formas. Apuntes sobre el jeroglífico literario (2011) y Jaime Rest: función crítica y políticas culturales (1953-1979). De Sur al CEAL (2013) y Los infames (2015).
Con tecnología de Blogger.

- Copyright © 2013 Maximiliano Crespi -Metrominimalist- Powered by Blogger - Designed by Johanes Djogan -