Posted by : Maximiliano Crespi sábado, diciembre 12, 2009


“No hay nada más parecido a un fascista que un burgués asustado”. La simetría funcional propuesta por esa frase de precisión asombrosa escrita alguna vez por Dalmiro Sáenz es lo primero que viene a la mente luego de la lectura del artículo “Criminalidad y cobardía”, publicado por La Nación ayer jueves 10 de diciembre de 2009 y firmado por Abel Posse.
Sin ocultar su inopia intelectual, las lamentables palabras del no menos lamentable escritor, y recientemente designado Ministro de Educación de la Ciudad, se inscriben en un linaje tristemente memorable de nuestra historia política y cultural. Inaugurada por el mismísimo Sarmiento ya en sus discursos en homenaje a Darwin, ya en Conflictos y Armonías (1883), ya en sus cartas a Mitre (donde aconsejaba: “No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos.”), pasando por el Cané de la Expulsión a los extranjeros (1899) hasta llegar a un Leopoldo Lugones que, sobre el Centenario, ya no esconde la mano después de mitificar al gaucho (exterminado como resultado de la “Guerra de la Triple Alianza”, es decir: la masacre perpetrada por las clases dirigentes de Argentina, Uruguay y Brasil sobre el Paraguay para imponer la sumisión de todo el territorio a los intereses del imperialismo británico) frente a la “amenaza” que la clase hegemónica adivinaba en el “producto híbrido de una inmigración indiscriminada y funesta”, la serie acumula sus emergencias más reaccionarias en los momentos en que la burguesía se siente amenazada o, por lo menos, intimidada en su único fundamento concreto: el régimen de propiedad privada.
Citado por el genocida Luciano Benjamín Menéndez, recientemente condenado por segunda vez a prisión perpetua por numerosos crímenes de lesa humanidad, el discurso de Posse permite –por otra parte– anudar el tratamiento que se hace desde el mismo diario de los Mitre del “tema inseguridad” con la “Doctrina de Seguridad Nacional” pergeñada por Estados Unidos desde “La Escuela de las Américas” en Panamá, e impuesta sanguinariamente en nuestro país por la Dictadura Militar a partir del “Plan Económico” anunciado por el Ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, el 2 de abril de 1976. La confirmación de Macri después de sus declaraciones en su designación, confirma tanto una definición ideológica como una cada vez más precaria situación en términos de cuadros, luego de la vergonzosa seguidilla de escándalos en que se han visto enredados sus ministros.
Que estas declaraciones, cargadas de un filisteísmo impúdico y una franqueza infrecuente, hayan sido vertidas días antes de su jura al cargo, y en coincidencia con el histórico juicio a los represores de la ESMA, encabezados por Menéndez, Astiz y el Tigre Acosta, revela a las claras el grado de obediencia debida que los funcionarios del PRO guardan respecto, no de los genocidas en cuestión, sino del modelo político y económico del cual ellos fueron vehículo. El texto de Posse sólo sostiene una queja no exenta de nostalgia: las fuerzas (policiales y militares) que antes mataban para defender los intereses de la clase hegemónica, ahora tienen las manos atadas para hacer el trabajo sucio. A través de sus declaraciones, el flamante Ministro de Cultura de la Ciudad se suma compulsiva y fervorosamente a una serie de sumisiones que conviene no olvidar, pero que ante todo es menester comprender remitiéndola al contexto de este cambalachero e inminente Bicentenario. Una serie que, en el caso del pobre Posse, bajo ese desesperado afán de justificación de lo injustificable, traduce al patetismo propio de la más despreciable de las desdichas en las que puede caer un intelectual: resultar fútil en función de su propio servilismo.
Que los argumentos del artículo sean ruidosamente insustanciales como los dichos del Rabino Bergman, y que el texto publicado por esa “tribuna de doctrina” (fundada por Bartolomé Mitre) esté saturado de neologismos vagos y de carácter meramente performativos, no es un dato anecdótico. Al contrario: resulta ciertamente sintomático del estado de la cuestión, a la vez que corrobora otro dato sustancial en términos comparativos. Es claro: sin la perspicacia liberal de un intelectual como Sarmiento, sin la filiación y la ironía patricia de un Cané, sin las briosas dotes literarias de un helenístico Lugones, Posse se sube al caballo no por donde quisiera sino por donde le da el piné.

Nota publicada en Nación Apache, Diciembre 12 de 2009.
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Maximiliano Crespi

Es licenciado en Letras por la UNSur y Doctor en Letras por la UNLP, especializado en Teoría y Crítica Literaria e Historia Cultural e Intelectual Argentina y Latinoamericana. Es docente e investigador del Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria (IdIHCS-FaHCE-UNLP) y del CONICET. Trabaja parte del Observatorio de Literatura Argentina Contemporánea (OLAC) y participa del Colectivo de Trabajo Intelectual “Materiales”. Ha colaborado con la Historia Social de la Literatura Argentina dirigida por David Viñas y con la Historia Crítica de la Literatura Argentina dirigida por Noé Jitrik. Antologó, editó y prologó obras de Jaime Rest, David Viñas y Raúl Antelo. Ha colaborado publicado textos críticos y teóricos en numerosas revistas especializadas y en diversos volúmenes colectivos. Es autor de Grotescos, un género (2006), El revés y la trama. Variaciones críticas sobre Viñas (2008), La conspiración de las formas. Apuntes sobre el jeroglífico literario (2011) y Jaime Rest: función crítica y políticas culturales (1953-1979). De Sur al CEAL (2013) y Los infames (2015).
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