Posted by : Maximiliano Crespi martes, noviembre 09, 2010

Stupity:

   Cuando Ud. llegó a lo de Palacio, con su sombrero coronado de flores de durazno (¿o serían jazmines?), me dio la sensación de un bello junco a la espera del vendaval que lo abatiese inmisericorde. Ud. me dirá, señora, que desde entonces han pasado diez años y –¡ay!– muchos vendavales. No haga caso del almanaque, señora, que es una obra mezquina de burócratas del Tiempo. Son otros equinoccios los que rigen para nosotros. Yo le voy a contar la verdadera historia, la auténtica y real.
   De lo de Palacio fuimos a su casa, y hablamos de presidentes depuestos y de políticos, en la penumbra propicia de un crepúsculo de primavera. Comimos “chez moi”, Ud. leyó versos. Desde entonces, su adorable sonrisa de conejo iluminó mis felices noches de conspirador en desgracia.
   Ud., señora, aprovechó para hacerme víctima de sus artimañas e insolencias: puso en duda mi indiscutido talento, mis virtudes para el mando y mi condición de jefe; creó serias dificultades a mi acercamiento con el sector femenino del Partido; y, en suma, intentó tratarme como a otro de sus papeles. Ahora culmina sus desafueros apareciendo en mi celda, a las horas más intempestivas, para tranquilizar mi reposo y turbar mis pensamientos. (No crea que me quejo, señora: Ud. sabe que nunca me quejo.)
   Dicen que estoy por abandonar esta celda propicia y me apresuro a escribirle. ¿Por qué? ¡Ah, señora! No es que yo no sepa que de Ud. se puede decir la frase del poeta: “Qu’est-ce qu’il y a de plus changeant qu’un matin d’avril, si ce n’est que le coeur de mon amant” (confío en que mi francés sea menos traicionero que Ud.). Pero eso no impide que yo tenga el deseo de verla caminar y moverse cerca de mí, mientras su cara conejil se anima, y profiere impertinencias, y los lugares van quedando contaminados con su coquetería insoportable.
   Ya ve, señora, qué humildes son mis anhelos. Venga a verme. La llamo apelando a los lazos indestructibles que unen a los conspiradores y a una relación de la cual lo menos que podrá decirse (en el peor de los casos) es aquella otra frase: “questa é una piccola aventura; patética, milagrosa, e quasi d’amore”.

Cooke

P.D.: Esta carta la escribí un día que me anunciaron mi libertad. La he dejado como estaba.

Otra vez Cooke


*Carta de John William Cooke a Alicia Eguren, escrita en la cárcel de Las Heras (“Penal del Sur”) en 1955. Fuente: Crisis, n° 9, Buenos Aires, enero de 1974.

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Maximiliano Crespi

Es licenciado en Letras por la UNSur y Doctor en Letras por la UNLP, especializado en Teoría y Crítica Literaria e Historia Cultural e Intelectual Argentina y Latinoamericana. Es docente e investigador del Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria (IdIHCS-FaHCE-UNLP) y del CONICET. Trabaja parte del Observatorio de Literatura Argentina Contemporánea (OLAC) y participa del Colectivo de Trabajo Intelectual “Materiales”. Ha colaborado con la Historia Social de la Literatura Argentina dirigida por David Viñas y con la Historia Crítica de la Literatura Argentina dirigida por Noé Jitrik. Antologó, editó y prologó obras de Jaime Rest, David Viñas y Raúl Antelo. Ha colaborado publicado textos críticos y teóricos en numerosas revistas especializadas y en diversos volúmenes colectivos. Es autor de Grotescos, un género (2006), El revés y la trama. Variaciones críticas sobre Viñas (2008), La conspiración de las formas. Apuntes sobre el jeroglífico literario (2011) y Jaime Rest: función crítica y políticas culturales (1953-1979). De Sur al CEAL (2013) y Los infames (2015).
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