Posted by : Maximiliano Crespi miércoles, diciembre 15, 2010

“Vos también la tenés adentro”. Provocativa, picaresca y criolla, la frase de un Maradona deificado abre el tomo I (A-G) del Diccionario razonado de la literatura y la crítica argentinas, dirigido por Rocco Carbone y Marcela Croce. Una toma de posición que, lejos de solaparse, se asume con pasión declaracionista desde el preámbulo firmado por Ana Ojeda. No hay lugar para la coartada de la neutralidad. El trabajo colectivo no se ampara en la asepsia descriptiva, de la que acostumbra sacar provecho cierta retórica académica. Es un diccionario “oloroso”, “para los que tienen nuestro mismo olor”: “no meramente descriptivo, tímido y políticamente correcto”, sino franco, decidido y “jugado” como un cross a la mandíbula de la “objetividad” y la “profilaxis taxativa pequeñoburguesa”.
La faena –ambiciosa, quijotesca, monumental– sortea en el origen el “No” del Padre. Categórico, Boris (David Viñas) se excusa con su vejez. Luego, la crónica dice que el Tano (Carbone) define junto a Ojeda las pautas de este diccionario: “ni pedante ni básico: equilibrado”. La boutade de Viñas según la cual “Walsh es mejor que Borges” se vuelve axioma y justifica la necesidad de un volumen dedicado a la literatura y la crítica del siglo XX en el interior de un campo “regulado por las estrategias de la mercadotecnia” que, en función de un modelo de servidumbre voluntaria, define el modelo de constitución de un canon pautado por estereotipos: “el escritor argentino (Borges), el escritor argentino inclasificable (Aira), el joven escritor argentino (Kohan), el escritor marginal (Lamborghini)”.
En el deseo de estar a la altura de ese desafío se perciben tanto la generosidad y desmesura de sus pretensiones como la medida de su voluntarismo: el tironeo que sobre la razón ejerce la pasión. Porque, si el objetivo del trabajo es una revisión y una actualización razonada del canon con independencia del “mercado” (resituar sus énfasis, redisponer sus visibilidades), la razón justifica las elecciones y contenidos de las “entradas”, en la misma medida en que la pasión graba sus interferencias.
En las 640 páginas del tomo, hay pues rescates necesarios y olvidos previsibles. Pero hay también omisiones injustificables. Para poner algunos nombres, entre los escritores (presentados por sus nombres reales, no por sus seudónimos) está Jorge Barón Biza pero no aparece Edgardo Cozarinsky; está Hernán Brienza pero no Cristina Forero (María Moreno); están Bruzzone, Budassi, Castro y Dorr pero no Paola Caracciolo (Pola Oloixarac) ni Flavia Costa; están Cadícamo y Flores pero no los Contursi ni Dizeo ni Expósito; se rescata a Bánez o a Valentín Fernando pero se omiten autores importantes como Arturo Capdevila, Miguel D. Etchebarne y Eduardo Dessein. En el ámbito de la crítica, están Cóccaro y Batistessa pero no Héctor Ciocchini; están Alcalde y Gibaja, pero no se nombra a Adelaida Gigli ni a Diana Guerrero; están Giordano y Gramuglio pero no hay entradas para Nora Domínguez ni Miguel Dalmaroni; están Cueto, Estrin y Garramuño pero inexplicablemente faltan Raúl Antelo y Gonzalo Aguilar, entre otros.
Toda empresa enciclopédica carga con la culpa de ser fatalmente incompleta. La acosa el fantasma de la totalidad. Esta no es la excepción a la regla. Sin embargo, esto no llega a menoscabar por completo el trabajo crítico de los investigadores que participan en el volumen ni el tauro envite del 8vo loco, que viene de rescatar el libro de Lafleur, Provenzano y Alonso sobre las revistas literarias y de reeditar valiosas obras de Olivari, Mariani y los González Tuñón. Al contrario: los potencia. La razón y la pasión alimentan siempre el fuego de la crítica.

*Aparecido bajo el título de "La provocación de la A a la Z" en Revista Ñ, 11 de diciembre de 2010. p. 26.

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Maximiliano Crespi

Es licenciado en Letras por la UNSur y Doctor en Letras por la UNLP, especializado en Teoría y Crítica Literaria e Historia Cultural e Intelectual Argentina y Latinoamericana. Es docente e investigador del Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria (IdIHCS-FaHCE-UNLP) y del CONICET. Trabaja parte del Observatorio de Literatura Argentina Contemporánea (OLAC) y participa del Colectivo de Trabajo Intelectual “Materiales”. Ha colaborado con la Historia Social de la Literatura Argentina dirigida por David Viñas y con la Historia Crítica de la Literatura Argentina dirigida por Noé Jitrik. Antologó, editó y prologó obras de Jaime Rest, David Viñas y Raúl Antelo. Ha colaborado publicado textos críticos y teóricos en numerosas revistas especializadas y en diversos volúmenes colectivos. Es autor de Grotescos, un género (2006), El revés y la trama. Variaciones críticas sobre Viñas (2008), La conspiración de las formas. Apuntes sobre el jeroglífico literario (2011) y Jaime Rest: función crítica y políticas culturales (1953-1979). De Sur al CEAL (2013) y Los infames (2015).
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