Posted by : Maximiliano Crespi viernes, abril 29, 2011


A propósito de la obra fotográfica de Hersilia Álvarez
Imágenes de Sin oxígeno + Somos el bosque: hersilia alvarez ©
Imágenes de Cultivo. 200 veces frágil: hersilia alvarez ©
Imágenes de Putas: hersilia alvarez ©
El rasgo más notable de la propuesta estética de Hersilia Álvarez es su resuelta voluntad de poner en escena visual la tensión irresuelta de fuerzas contradictorias. Su foco se arroba siempre en el trabajo silencioso de una fuerza sobre un cuerpo. Recortada en solitario, arrancada de la experiencia cotidiana que la naturaliza hasta la invisibilidad, esa fuerza adquiere así la materialidad de una violencia sobre la pasividad de su objeto. La intensidad y el arco de impacto de las imágenes que desplaza la lente es proporcional a la vehemencia con que se define el recorte: una imagen, contenida como dentro de un puño, condensada en una economía de medios que trabaja el contraste y la austeridad calculada. Como Pierre Soulages, que insistía en renunciar a lo atractivo en función del daño, la obra clara de esta admirable artista visual extrae su prepotencia, su positividad, no del objeto sobre el que hace foco, sino del contraste producido en la volatilización del fondo.
Un objeto intervenido sobre un fondo imposible (el blanco, bien lo enseñaron Mallarmé y Blanchot, es el color de lo imposible) basta para devolver cada fotograma a esa obra singular que pone a trabajar la violencia contra la violencia a partir de la definición de un estilo. Ver, es decir, leer Sin oxígeno o Somos el bosque es traer al presente las lúcidas operaciones que en Putas, Cultivo o Consumo japonés adquieren la materialidad del acontecimiento. Es reencontrar la pulsión de afecto de un proyecto estético a la vez coherente y apasionado.
Hersilia no trabaja sobre el vacío (de ahí que su aproximación al Zen sea más en función de recurso a una materialidad formal que como sentido: el vacío no es un efecto sino una contraefectuación cuyo objeto es marcar un punto de no retorno de lo idéntico, lo que devuelven la perplejidad, el desequilibrio y la extrañación es siempre una diferencia); sino sobre la iluminación. En sus imágenes, es la luz la que produce el vacío en torno a sus objetos para que ese vacío se deje leer en los objetos mismos como un signo, como la huella de una ausencia, como la invisibilización de una presencia: en Putas, lo que falta (porque ha sido herido con la violencia de lo real) es la mujer como cuerpo sensible, como fuerza en resistencia; en Cultivo. 200 veces frágil, lo fértil aniquilado por la fertilización; en Sin oxígeno, lo que se exhibe es la perdida de una función natural; en Somos el bosque, lo que se produce es el árbol como soledad repetida. El plástico que devuelve un brillo artificial sobre la clorofila que pigmenta los bonsáis es la notación límite de lo que es al vegetal el plástico que contiene el crecimiento de sus raíces, el precio escrito con tinta indeleble, y, más aún, el nombre que lo asedia. El objeto y el nombre inauguran y condensan la tensión dramática de esta obra inusual que, obstinada y persistente, no cesa de plantar la mirada de su espectador en la encrucijada de transformaciones y de pérdidas que representa el encuentro entre naturaleza y cultura. El artificio que devuelve cada imagen al concepto es frío, calculado, sutil: producir la página en blanco que inaugura la distancia entre el objeto y la mirada que produce su imagen. En esa operación todo objeto pierde su naturalidad, pero lo que se desnaturaliza en grado cero es ante todo la mirada. La obra de Hersilia no muestra más que nuestra pueril y naturalizada manera de ver. No nos pone ante objetos, acontecimientos o violencias; nos fuerza a una captación de una tensión irresoluble estructurada en la imagen.
No es raro que en casi toda su obra la iluminación plena construya blandos relieves que funden los bordes, las líneas, los contornos. Empujar el objeto hacia el vacío es devolver al propio vacío su artificialidad (sólo el arte persiste en subrayar la necesidad de lo imposible, la potencia de lo inactual, de lo singular, de lo inútil). Su obra mantiene, en este punto, otros dos puntos de contacto con la pintura abstracta de Soulages. Por un lado, su arte produce sentidos nuevos a partir de la sinécdoque: nos pone a ver lo pleno en lo vacío, lo apagado en el brillo, lo fugitivo en lo perenne, el movimiento en lo inmóvil. Y en segundo lugar, en su aprehensión de todo matiz por el blanco, porque en la fuerza inherente a esas operaciones la libera por completo de estar allí donde está su imagen. En las imágenes de Hersilia no está Hersilia: está la huella de su paso pero no su paso, como en el brillo agónico de una estrella lo que centellea es lo definitivamente perdido, lo que ha sido no de la imagen sino de la imaginación misma. Este último rasgo define la condición por la cual la propia Hersilia pondría en duda la disposición transitiva que acabo de enunciar, con cierta temeridad, en los primeros párrafos; sobre todo porque su concepción ética de la exploración artística parte de lo intransitivo: Hersilia sólo concibe el arte como una forma de búsqueda, de descubrimiento y de transformación de su propia mirada. No se preocupa por hacer ver; sino por ver, por desafiar incluso los límites tácitos de su propia capacidad de ver. Fotografía para ver qué se puede ver después de ver, para ver que se vuelve visible en la piel luminosa de esas imágenes que no dejan de hendir la retina.

*Las imágenes reproducidas aquí para ilustrar esta nota están sujetas a derechos de autor y corresponden respectivamente a Sin oxígeno + Somos el bosque, Cultivo. 200 veces frágil y Putas de Hersilia Álvarez ©.

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Maximiliano Crespi

Es licenciado en Letras por la UNSur y Doctor en Letras por la UNLP, especializado en Teoría y Crítica Literaria e Historia Cultural e Intelectual Argentina y Latinoamericana. Es docente e investigador del Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria (IdIHCS-FaHCE-UNLP) y del CONICET. Trabaja parte del Observatorio de Literatura Argentina Contemporánea (OLAC) y participa del Colectivo de Trabajo Intelectual “Materiales”. Ha colaborado con la Historia Social de la Literatura Argentina dirigida por David Viñas y con la Historia Crítica de la Literatura Argentina dirigida por Noé Jitrik. Antologó, editó y prologó obras de Jaime Rest, David Viñas y Raúl Antelo. Ha colaborado publicado textos críticos y teóricos en numerosas revistas especializadas y en diversos volúmenes colectivos. Es autor de Grotescos, un género (2006), El revés y la trama. Variaciones críticas sobre Viñas (2008), La conspiración de las formas. Apuntes sobre el jeroglífico literario (2011) y Jaime Rest: función crítica y políticas culturales (1953-1979). De Sur al CEAL (2013) y Los infames (2015).
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