La tradición del jeroglífico argentino*

martes, mayo 31, 2011 | |

ENSAYO LITERARIO                                                                                         
 
El crítico Maximiliano Crespi analiza tres revistas literarias argentinas que terminaron encontrando su lugar en la historia como operaciones de lectura y políticas culturales.
  
Por Mauro Libertella (para Revista Ñ .400)
  
La conspiración de las formas. 
Apuntes sobre el jeroglífico literario 
(UNIPE: Editorial Universitaria, 2011).
“Este libro debería ser tomado sólo como lo que es –consigna el autor en el prólogo– una serie de apuntes erráticos para una investigación del jeroglífico literario”. Así, bajo la luz de esa suerte de advertencia inicial, se despliega un ensayo de 200 páginas abigarradas, en el que el crítico literario Maximiliano Crespi sienta las bases conceptuales para pensar la categoría de “jeroglífico” y entender de qué modo esa suerte de objeto puro de la forma se clavó en la tradición literaria de los últimos cincuenta años.
¿De qué hablamos cuando hablamos de jeroglífico? La categoría es difícil de apresar, porque hay un punto en el que, al ponerla a jugar en una serie argentina y contemporánea, Crespi la reinventa, le confiere un golpe de sentido que la transforma. A riesgo de sacarle complejidad, podríamos decir que el jeroglífico, de modo psicoanalítico, es una figura discursiva cercana al fantasma; una construcción lingüística y de sentido al mismo tiempo tangible y espectral, que dice algo sobre una época pero sin caer nunca en la pedagogía de la moraleja o en la linealidad del realismo de denuncia. El jeroglífico, como toda emisión discursiva, dice algo, pero siempre de modo velado, escamoteado, acaso invertido. Y como todo jeroglífico, el literario también tiene su propia temporalidad de elucidación; dicho de otro modo, pide su tiempo de decodificación, y en algún momento termina por decir una verdad sobre la época y sobre la literatura que en su momento no quiso ser oída. Esa suerte de resarcimiento histórico respecto de propuestas radicales que en algún momento no encontraron su interlocutor es lo que, por qué no, termina haciendo este ensayo.
En su primer gran bloque, La conspiración de las formas proyecta su lupa crítica sobre tres revistas literarias que tocaron desde los márgenes el nervio de las letras vernáculas: Letra y Línea, Literal y Sitio. La primera conoció sólo tres ediciones, hacia finales de 1953. Literal, relativamente más longeva, tuvo una vida de 5 números desparramados entre los años 73 y 77. Sitio, por último, computó seis números entre los años 81 y 87. De este modo, Crespi lee el abanico grande de la segunda mitad del siglo XX argentino a partir de tres proyectos colectivos, al mismo tiempo programáticos y caóticos, que terminaron diciendo algo sobre el canon a partir de corroer los supuestos sobre los que estaban instaladas las lecturas de su momento. Tal vez esas revistas, que desde luego construyeron un corpus de textos que merecen ser estudiados, terminaron encontrando su lugar en la historia como operaciones de lectura y políticas culturales.
Para cerrar, Maximiliano Crespi lee tres momentos puntuales en las obras de Foucault, Barthes y Roger Caillois. Entonces, como en un caleidoscopio o un rompe cabeza de espejos invertidos, la tradición del jeroglífico argentino quizá termine de cobrar tesitura a partir del aporte de esos tres faros del firmamento francés.

*Fuente: Revista Ñ, Sábado, 28 de Mayo de 2011. p. 27.