La delgada línea que atraviesa los textos parece tener la forma de la vieja pregunta sartreana: ¿Qué es la literatura? Pero la inflexión (o la deriva) con que Crespi aborda tamaña cuestión está tan alejada de los postulados existencialistas como de la mirada obedientemente sociológica que en la actualidad quiere explicar la literatura con categorías arcaicas y sumarla así a sus filas ya domesticadas. Quizá incluso haya, en el fondo, una cuestión neo-post-retro-estructural, si el neologismo es tolerable, en los planteos (por-venir) del libro, pero sólo están ahí como pretexto o provocación. ¿Se puede hablar de un lugar, y eventualmente, de una función, del jeroglífico literario? ¿Será esa utopía una suerte de punto ciego sobre el que giran enloquecidos los discursos de la razón? Tal vez acá esté la clave de lo que Raúl Antelo ha llamado, lúcidamente, “la emergencia de la ficción teórica”.
En este sentido no sólo queda claro que para Crespi no hay diferencia entre teoría y ficción, sino también que el libro encuentra su punto de apoyo en las intensas reflexiones que le dedica al carácter ontológico de su objeto de estudio. Así, el jeroglífico (literario) habla “de la insuficiencia del lenguaje naturalizado (sobre el que se normativiza el orden representacional). Es por ello que su presencia amenaza con suspender el totalitarismo del lenguaje naturalizado en que se sella el maridaje de servilismo y poder”. De esta forma, frente a la existencia perturbadora del jeroglífico (o de alguna de sus variantes como el hermetismo o la histeria), el régimen de verdad sólo atina a enviarlo al reducto de lo artístico (o lo patológico), para salvaguardar su totalitarismo comunicacional. El resto, parece decir, es literatura (y silencio).
El jeroglífico, como el hermetismo, como la histeria (no sólo entendida etimológicamente), es una fulguración secreta, una suerte de sujeto (sentido) que se encierra sobre sí mismo, y desde su encierro, paradójicamente, cumple un “destino público”. Este gesto, la sustracción del cuerpo al goce del otro, es un gesto histérico. Pero además también pone en evidencia una especie de vampirismo del lector –como si determinados textos nos hicieran perder sangre–, frente a la figura opuesta del lector que busca un estilo, una forma, y que según Barthes es él mismo un vampiro (que en este caso se encontraría con una red conspirativa). (...)
El texto completo puede leerse en la sección reseñas de Boca de Sapo.
FUENTE: Boca de Sapo. Revista de arte, literatura y pensamiento (un espacio textual dedicado a la producción y reflexión estética contemporánea): http://www.bocadesapo.com.ar/

Jaime Rest,
El laberinto del universo. Borges y el pensamiento nominalista.
Eterna Cadencia, Buenos Aires, 2009.
(184 págs. | 14x22cm.)
Colección: Rescate.
Prólogo de Maximiliano Crespi
ISBN: 978-987-24830-4-3
Marcelo Damiani (comp.),
El efecto Libertella
Beatriz Viterbo Editora, Rosario, 2010.
(224 págs.; 14x20cm.)
Colección: Ensayos críticos.
ISBN: 978-950-845-250-4
Rocco Carbone y Ana Ojeda (comps.),
De Alfonsín al menemato (1983-2001).
Paradiso, Buenos Aires, 2010.
(360 págs.; 15x22cm.)
Colección: Literatura siglo XX (dirigida por David Viñas).
ISBN obra completa: 978-987-9409-60-2 | del vol. 7: 978-987-1598-19-9
Ana María Zubieta (comp.),
La memoria. Literatura, arte y política
Bahía Blanca, EdiUNS, 2008.
(254 págs.; 14x20cm.)
ISBN: 978-987-665-012-3
Maximiliano Crespi,
Grotescos
Ediciones de Barricada, Bahía Blanca, 2006.
(160 págs. | 10x17cm)
Colección: Nueva narrativa
ISBN: 978-987-22983-2-7

