Posted by : Maximiliano Crespi domingo, noviembre 13, 2011

El imaginario del cuerpo –con sus usos, sus relaciones y sus efectos– es un tópico fértil para toda lectura crítica que se sitúe estratégicamente en el intersticio abierto entre lo político y la Política. Entre nosotros, David Viñas –precursor indiscutible en esa línea de indagación que llega a El cuerpo del delito de Ludmer y a Mutantes de Pía López– probó con creces que en las apariciones del cuerpo, como nudo de sensibilidades y afectos, podían verse las pautas de una respuesta (imaginaria) al problema real y concreto del “cuerpo a cuerpo cotidiano” que es la polis.
Cuerpos paganos de Mario Cámara se inscribe de manera oblicua, silenciosa, elegante y renovadora en la estela de esas contadas exploraciones que piensan (y se piensan) comprometidas en la tensión abierta entre las configuraciones imaginarias y la historia política y cultural latinoamericana. Sin embargo, la medida de su compromiso no está puesta en términos declarativos, enfáticos o voluntaristas. Se desprende, al contrario, de una ética de la lectura cuyo valor es simétricamente proporcional a los riesgos que toma y a las operaciones que realiza. Cámara estudia las figuraciones de lo corporal en un corpus definido al interior de la vanguardia y la posvanguardia brasileña, sin perder de vista que los rasgos cardinales a ese proceso transformador fueron la insistencia en lo específico de las prácticas estéticas y la asunción del contexto como condición prácticamente negativa. Su provocativa intervención procura una dispersión del saber establecido, una reorganización del campo de visibilidad a partir de una reconfiguración “anacrónica”: en el trabajo de Cámara son los 70 los que explican a los 60 y eso es posible sólo en virtud del lúcido desafío de ir a leer e interrogar el pasado con una categoría del futuro. De ese modo, y rompiendo la lógica predecible del “hilo temporal lineal y evolutivo”, Cámara lee la emergencia de una serie pautada por tres “momentos” de un período (1960-1980) fundamental de la historia política y cultural brasileña. Traza el recorrido que va del modernismo racional al modernismo revolucionario y de éste a la etapa de la modernización autoritaria.
En el revés de trama de ese punteo, la Historia anuda el gobierno de Juscelino Kibitschek, el fugaz período de João Goulant y la dictadura que lo siguió (“con sus diferentes estrategias represivas y culturales”): un arco que va de un proyecto modernizador, desarrollista y popular a la instalación de un modelo neoliberal sin atenuantes. Pero la mirada del crítico no se pega a los vaivenes del Poder. No lee sus determinaciones si no para hacer lugar a un poder singular –surgido a manera de resistencia y desde posiciones marginales– que germina sobre un imaginario corporal entendido como “potencia trasgresora” y articulado sobre “un conjunto de discursos, objetos artísticos, textos ficcionales, poéticos y ensayísticos” pertenecientes al movimiento plástico-poético Neoconcreto, la obra de los escritores Jorge Mautner y Roberto Piva, y el grupo de escritores y artistas próximos al concretismo y al tropicalismo (Glauco Mattoso, Torcuato Neto, Haroldo de Campos, Hélio Oiticica y Paulo Leminski).
El cuerpo agencia figuraciones culturales y políticas. Esas figuraciones ponen en escena las complejas y muchas veces hostiles relaciones entre modernidad, revolución y contracultura; pero además ponen al descubierto tanto la crisis e impotencia del modernismo como paradigma estético como la hegemonía del relato heroico o escatológico de la modernidad brasileña. Lúcido, perspicaz, de una claridad meridiana, y apoyado en un minucioso trabajo de archivo que recuerda lo mejor de los estudios culturales, el texto de Cámara es pues el relato de una tensión entre lo político y la Política, una puja en que la diferencia se transforma en resistencia: cuerpos abyectos, cuerpos sensitivos, sensuales, sexuales, cuerpos móviles y vampíricos, cuerpos aparecidos y espectrales frente a un cúmulo de cuerpos utilitarios, cuerpos mártires, revolucionarios o máquina. Pero es, ante todo, una intervención que se sale de los caminos trillados y toma el riesgo de ir en busca de lo ya pensado para pensarlo de nuevo, de otro modo.

*Aparecido en Revista Ñ, sábado 11 de noviembre de 2011. p. 25.

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Maximiliano Crespi

Es licenciado en Letras por la UNSur y Doctor en Letras por la UNLP, especializado en Teoría y Crítica Literaria e Historia Cultural e Intelectual Argentina y Latinoamericana. Es docente e investigador del Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria (IdIHCS-FaHCE-UNLP) y del CONICET. Trabaja parte del Observatorio de Literatura Argentina Contemporánea (OLAC) y participa del Colectivo de Trabajo Intelectual “Materiales”. Ha colaborado con la Historia Social de la Literatura Argentina dirigida por David Viñas y con la Historia Crítica de la Literatura Argentina dirigida por Noé Jitrik. Antologó, editó y prologó obras de Jaime Rest, David Viñas y Raúl Antelo. Ha colaborado publicado textos críticos y teóricos en numerosas revistas especializadas y en diversos volúmenes colectivos. Es autor de Grotescos, un género (2006), El revés y la trama. Variaciones críticas sobre Viñas (2008), La conspiración de las formas. Apuntes sobre el jeroglífico literario (2011) y Jaime Rest: función crítica y políticas culturales (1953-1979). De Sur al CEAL (2013) y Los infames (2015).
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