Aquí América Latina*

lunes, diciembre 05, 2011 | |

El texto que se publica hoy en El Interpretador debió haber (re)aparecido en el número 13 de la revista La posición. Literatura y política, a fines de 2006. Supersticiones al margen, el destino quiso que el número 12 de esa revista –que hicimos en el crudo invierno de Bahía Blanca Mariano Granizo, Claudio Dobal y Fabián Wirscke y yo– fuera el último. Por ello, de algún modo siempre sentí como una deuda personal el hecho de que este texto no fuera recobrado en una nueva publicación. La generosa invitación de los compañeros Diego Cousido y Sebastián Hernaiz y la decisión de El Interpretador de dedicar un número especial para homenajear a Viñas, no me dejan dudas de que éste es el espacio indicado para resarcir esa deuda contraída allá lejos y hace tiempo.
En cualquier caso, la historia de mi encuentro con este casi desconocido texto de Viñas remite al año 2002; y el 2002 remite en mi memoria a una época de caos político en que, insensato, yo trataba de organizar el caos de una investigación de tesis, donde celosamente me obstinaba en examinar la relación literatura/política al interior de su obra crítica fundamental: Literatura argentina y realidad política (1964). Mientras cotejaba los cambios y transformaciones sufridos por los ensayos que componen aquel libro mítico (desde sus primeras apariciones en La Gaceta, Contorno, Centro o Las Ciento y Una a las ediciones retocadas para Sudamericana en los '90), en la Biblioteca “Arturo Marasso” del Departamento de Humanidades de la UNSur (donde realizaba la investigación), di con la copia mimeográfica de este trabajo. Por entonces, ya había leído casi todo Viñas y por ello no me sorprendió ni el tono del artículo ni que en la portada, con irregulares letras mayúsculas, se fijara el título de “La ciudad en la novela de América Latina. 1. Buenos Aires”. El texto estaba fechado en 1958 y yo sabía que, en los años que circundan a la Revolución Cubana, “América Latina” era claramente una categoría política, y no una etiqueta mediática o comercial: remitía, en la cita implícita a Bernardo Verbitsky, a una serie de trabajos por realizarse por parte del pensamiento crítico en el horizonte de un proyecto de emancipación del Tercer Mundo. Lo que sí me sorprendió fue la nota al pie que, en el doble faz de la tapa, se consignara los datos de referencia y la fuente académica con suma precisión: “Versión de los Cursos Internacionales de Temporada organizados por la Universidad Nacional de Buenos Aires, 1958”. La aclaración de que se trataba de un “Tiraje reducido para uso exclusivo de los alumnos de la FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS” me hizo pensar que el material de la conferencia había sido incorporado años después como ficha bibliográfica de alguna cátedra. Dudando un poco de tanta precisión, cedía a la tentación de consultar a Viñas sobre el origen del material hallado.
Desde hacía ya meses mantenía con David un picante intercambio de misivas –que habían comenzado como parte de la investigación en curso, pero que poco a poco se había transformado en un intercambio y a veces en un contrapunto generoso de hipótesis sobre temas que iban desde William Hazlitt a Luis Zamora, desde nuestra pasión compartida por la prosa de “Lucio Vé” hasta nuestra comunión de repudio a Eduardo Duhalde por los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. La primera respuesta del viejo fue categórica: desconocía el texto en cuestión y no recordaba haber intervenido en tal encuentro. Ante ello, volví a escribirle; pero esta vez adjuntándole una fotocopia del mimeo en cuestión, para ver si certificaba su fuente o no. A la semana, una segunda carta de Viñas corregía a la primera con el mismo tono pero con clara ironía: certificaba el contexto de aparición quitándole solemnidad, pero, además, juraba desconocer el texto en el que no podía más que reconocerse. Viñas le quitaba al texto su propia textualidad escrita y aseguraba que, sin duda, se había tratado de una “intervención episódica” y oral “a partir de un puñado de notas”, ante un auditorio menor (“probablemente en un aula vacía”). La modestia de los más grandes.
De más está decir que mi interrogación no apuntaba a probar la autenticidad del texto. Su sola lectura corroboraba, no sólo su autenticidad, sino también y fundamentalmente el orden y la coherencia de un trabajo que no hacía lugar a la improvisación: un desarrollo meditado de convulsión polémica y calculada. El uso preciso del par conceptual de lo “puesto” y lo “dado” como analítica de la alienación y el tramado ejemplar de una serie temática producida en relación a las prácticas y las modalidades de ser de los habitantes de la ciudad en el imaginario literario remiten visiblemente a las coordenadas de investigación sobre las que se despliega la máquina de lectura viñeana. La literatura como revancha y la política como teoría de la ciudad, ya presentes en este ensayo, son rasgos recurrentes en su obra crítica. La convicción táctica y la disposición estratégica de esos valores morales que gobiernan su estentórea prosa ensayística toman también aquí una consistencia corpórea, casi material, y se superponen a lo que podría llamarse su ficción crítica, esa forma de mónada textual en que literatura y política permanecen indefectiblemente no escindibles.
Un par de meses y varias cartas después volví a escribir a Viñas con motivo de este ensayo. Esta vez no ya bajo la falsa incógnita de su origen, sino más bien pensando en su destino. Hacía de tripas corazón y le pedía lo que no me había animado a pedirle antes: autorización para publicar el largo ensayo en La posición (esa revista que, a su juicio, lo entusiasmaba sin convencerlo). Le adjuntaba esta vez una copia de la trascripción literal que yo mismo había realizado del texto, con mínimas correcciones de tipeo y algunas precisiones y aclaraciones en relación a fechas y algún nombre propio. Y finalmente, lo instaba a escribir un par de párrafos que oficiaran de introducción o justificación al texto. La carta de Viñas, lo recuerdo bien, se hizo esperar varios meses (durante los cuales no faltó quien azuzara mi paranoia con la sospecha de que, seguramente, Viñas habría optado por dar el texto en cuestión a algún editor porteño que ya lo tendría en prensa).
Cuando finalmente llegó, su respuesta era tajante y arrancaba de cuajo todo intento de conjuro a la distancia. Estaba escrita, como las demás, de puño y letra, pero esta vez en tinta roja. En los garabatos filosos que definen el pulso de su convicción decía simplemente: “Que salga así nomás, como criatura sin bautizar. Agregue sólo una dedicatoria: a Santillán y Kosteki”. Ése fue su pedido y así se publica hoy en El Interpretador.

Maximiliano Crespi,
Villa Crespo, mayo de 2011.

*Aparecido en El Interpretador n° 37/38, diciembre de 2011..