Posted by : Maximiliano Crespi sábado, diciembre 03, 2011

La grata aparición de Escrituras de Oscar del Barco es el resultado de dos insistencias. Se debe, por un lado, a la prepotencia de trabajo del joven editor Pablo S. Lovizio, que llevó a cabo la monumental tarea de reunir y ordenar el material disperso para esta edición; y, por otro, al acierto de la Biblioteca Nacional, al incluirlo en su importante colección de "Reediciones y Antologías".
El volumen de más de quinientas páginas reúne textos prácticamente inconseguibles, publicados originalmente en revistas hoy inaccesibles o editados en México (donde Del Barco pasó sus años de exilio), y abarca más de cuatro décadas de producción ininterrumpida. Estructuralmente, se compone de cuatro apartados que responden a diferentes temas y niveles de intervención.
En la primera parte gravita una notable impronta teórica y erudita desplegada sobre la obra filosófica de Marx. Allí, dos textos se destacan por la novedad y la vigencia de sus tesis: uno es “Esencia y apariencia en El Capital”, donde el filósofo cordobés rastrea los usos que Marx hace de esas dos categorías fundamentales de la Filosofía Occidental; el otro, “Lenin y el problema de la técnica”, donde el autor de La intemperie sin fin sostiene que Lenin replicó la posición burguesa ante la técnica, al no reconocer que la máquina-capitalista no incluye sino que desaloja al obrero de la producción y, al despojarlo de su saber, “convierte el trabajo vivo en trabajo muerto”.
Polémico e históricamente situado, el contenido del segundo apartado retoma el cierre del anterior. Es parte de una intensa discusión al interior del marxismo, a propósito del “qué hacer” con la herencia leninista. La posición de Del Barco no deja lugar a dudas: el marxismo debe librarse, si no del leninismo todo, al menos de la estructura (“fundamentalista”) de pensamiento práctico que, en su interior, permitió la articulación de la maquinaria despótica del estalinismo.
En consonancia con El abandono de las palabras (recientemente editado por Letra Viva), el carácter filosófico-místico en que anuda la tercera parte de Escrituras se corresponde con un profundo interés por un corpus particular que incluye las obras de Artaud y Nietzsche y la de sus más lúcidos intérpretes (Heidegger, Klossowski, Bataille, Jaspers, Derrida, Deleuze, Lyotard, Colli, Valadier, Campioni, Barthes, Blanchot). El apartado se cierra con dos cartas (una sobre Heidegger y Steiner y otra sobre “el vacío de lo teórico”) y con “Caballito blanco”, un texto luminoso sobre la imposibilidad de “dar la voz a los otros” cuando los otros son “territorios hundidos, desérticos, y, fundamentalmente, impenetrables”.
La última parte del libro sigue este mismo nudo problemático al abrirse con una reflexión imposible: la que trata de acoger el dolor extremo experimentado más allá de la experiencia en los campos de concentración y exterminio. Preguntarse por el dolor de los otros es hacerlo por sus condiciones de vida en una comunidad de afecto. Por ello, el libro se cierra acentuando el deseo de atender, desde el corazón del habla filosófica, a las derivas de la experiencia estética. Busca salvar del desastre (la pérdida, el olvido, la muerte) las huellas del pensar que habitan en las obras de Mallarmé, Rembrandt, o de aquel Jorge Bonino de quien Héctor Libertella dejó una leyenda memorable; pero también retomar la traza de una comunidad de afectos en la que cobran intensidad los trabajos de muchos de sus amigos poetas (Gatti, Ribero, Oviedo o Marimón) o pintores (Capurro, Villanueva y Ballester).
La abierta inactualidad, la densidad teórica, la generosa erudición y la diversidad de problemas abordados por Del Barco son deslumbrantes (al punto que un prologuista de reconocida locuacidad como Horacio González ha optado por acompañar al libro apenas con un texto breve y descriptivo). Se trata, sin más, de la experiencia vital de un pensamiento soberano, excesivo y resistente a los caprichos pedagógicos de la retórica logocéntrica.

*Aparecido en Revista Ñ, sábado 03 de diciembre de 2011. p. 26.

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Maximiliano Crespi

Es licenciado en Letras por la UNSur y Doctor en Letras por la UNLP, especializado en Teoría y Crítica Literaria e Historia Cultural e Intelectual Argentina y Latinoamericana. Es docente e investigador del Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria (IdIHCS-FaHCE-UNLP) y del CONICET. Trabaja parte del Observatorio de Literatura Argentina Contemporánea (OLAC) y participa del Colectivo de Trabajo Intelectual “Materiales”. Ha colaborado con la Historia Social de la Literatura Argentina dirigida por David Viñas y con la Historia Crítica de la Literatura Argentina dirigida por Noé Jitrik. Antologó, editó y prologó obras de Jaime Rest, David Viñas y Raúl Antelo. Ha colaborado publicado textos críticos y teóricos en numerosas revistas especializadas y en diversos volúmenes colectivos. Es autor de Grotescos, un género (2006), El revés y la trama. Variaciones críticas sobre Viñas (2008), La conspiración de las formas. Apuntes sobre el jeroglífico literario (2011) y Jaime Rest: función crítica y políticas culturales (1953-1979). De Sur al CEAL (2013) y Los infames (2015).
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