Posted by : Maximiliano Crespi lunes, enero 21, 2013

El proyecto literario de Hernán Vanoli despliega su performance política como ejercicio de desmitificación ideológica. La pulsión crítica que lo mueve busca siempre corroer la cáscara “neutra” tras la que el imaginario burgués se justifica (e invisibiliza) como “sentido común”, cómplice de la desidia, la mala fe y la demagogia oportunista que tributan en el chantaje de “lo más repartido”. La crítica es genuina porque no discrimina canallas: cae tanto sobre la coartada miserable de la derecha liberal como sobre la que confunde –sin inocencia– un tísico progresismo cultural con literatura de izquierda.
El registro crítico de su ficción se apoya en la ironía y el sarcasmo. La primera, apuñala; el segundo, da el golpe de gracia. Los riesgos que toma no son pocos; sobre todo porque –pegados en el collage de futuros delirados o consumidos por la violencia del desastre– esa ironía y ese sarcasmo remiten siempre a prácticas sociales o discursivas activas. La ficción vanoliana es una arqueología futura que se alza sobre las ruinas de los lenguajes del presente. Las cristalizaciones de lenguaje (i. e.: operadores de ideología) muestran siempre las costuras: la ficción irónica desarticula la costra naturalizada de los imaginarios de clase y la fábula sarcástica frustra las convenciones y las demandas de la historia.
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Las mellizas del bardo
(Clase Turista, 2012)
Resulta altamente sintomático que ese proyecto, que incluye a Varadero y Habana maravillosa y Pinamar, y que implica una renovada apropiación de Puig, recién empiece a consolidarse y definirse, de un modo oblicuo, en la deriva ficcional que han ido tomando sus intervenciones twitteras bajo el skin @volquetero. No importa qué es un autor; importa cómo se hace: de qué modo se construye –contra la alienación que imponen los modos de producción discursiva de la época– una máquina de guerra. La tarea no es sencilla. Implica comprometer la experiencia literaria en el desastre de lo colectivo; y, claro está, de esa participación trágica casi nunca se sale indemne.
Desprolija, plagada de erratas, rabiosa y aliada a un género border, Las mellizas del bardo es arltiana en su moral de lenguaje y en su constitución temática. La zona de clivaje de esta pulp fiction delirante y posapocalíptica es el nudo ciego de épica delictiva, rufianesca y melancólica, negociaciones miserables, manipulaciones grotescas, pasiones genuinas y sublimación resignada que se teje tras el imaginario futbolístico y para-futbolístico. Tras fábula, el vertiginoso road movie pone en escena el ridículo de cualquier canción de desconfianza. Montado sobre una voz femenina no siempre homogénea, el relato burla las alegorías políticas rudimentarias y dirige su apuesta crítica, no a la descripción alucinada de personajes determinados por su inscripción social, sino a la deriva irreversible liberada por el acontecimiento: la historia no justifica la acción, la acción hace la historia.
Pero hay además, en esta sci fi infame, una astucia de picardía borgeana. La nouvelle subraya insistentemente –en la interpelación sostenida del narrador a un hipotético lector plural– la condición parafílica que constituye el nervio último de las literaturas contemporáneas. Hace foco en el morbo y las perversiones visuales (voyeurismo y exhibicionismo) que modelan el ser y el sentido de los relatos y gravan la trama erótica de la percepción.
La interpelación arroba aún un último puntazo irónico. No importa qué es literatura; importa cómo se lee. Es la incorporación concreta de un modo de mirar a un modo de ser: lo literario no es una propiedad de los textos, sino una disposición (ética) de la mirada. Un retruque lúcido y sutil a aquel prejuicio que desprecia lo etnográfico reduciéndolo a una lamentable retirada de lo literario.

*Aparecido bajo el título "Cuando Puig se cruza con Arlt" en Revista Ñ, 19/01/13. p. 24.

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Maximiliano Crespi

Es licenciado en Letras por la UNSur y Doctor en Letras por la UNLP, especializado en Teoría y Crítica Literaria e Historia Cultural e Intelectual Argentina y Latinoamericana. Es docente e investigador del Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria (IdIHCS-FaHCE-UNLP) y del CONICET. Trabaja parte del Observatorio de Literatura Argentina Contemporánea (OLAC) y participa del Colectivo de Trabajo Intelectual “Materiales”. Ha colaborado con la Historia Social de la Literatura Argentina dirigida por David Viñas y con la Historia Crítica de la Literatura Argentina dirigida por Noé Jitrik. Antologó, editó y prologó obras de Jaime Rest, David Viñas y Raúl Antelo. Ha colaborado publicado textos críticos y teóricos en numerosas revistas especializadas y en diversos volúmenes colectivos. Es autor de Grotescos, un género (2006), El revés y la trama. Variaciones críticas sobre Viñas (2008), La conspiración de las formas. Apuntes sobre el jeroglífico literario (2011) y Jaime Rest: función crítica y políticas culturales (1953-1979). De Sur al CEAL (2013) y Los infames (2015).
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