Posted by : Maximiliano Crespi domingo, febrero 22, 2015

A comienzos de la compulsiva y agitada década del sesenta, la joven poeta brasileña de familia bien Hilda Hilst lee Carta al Greco de Nikos Kazantzakis. En esa lectura reconoce una vocación transgresiva que se articula sobre un deseo que hasta allí le había sido invisible: escribir el instante en que las criaturas arden. A eso dedicará en adelante sus días de ocio en su Casa del Sol, la residencia cercana a Campinas donde solía albergar además a científicos, músicos, artistas plásticos y escritores de la talla de José Luís Mora Fuentes, Olga Bilenky y Caio Fernando Abreu.
En esa atmósfera “experimental” y casi onírica escribió la totalidad de su obra narrativa desde A obscena senhora D (1982) y la “trilogía pornográfica” que se inicia con O caderno rosa de Lori Lamby (1990), Contos d’escarnio / Textos grotescos (1990) y Cartas de um sedutor (1992), hasta Rútilo Nada (1993) con el obtuvo el prestigioso Premio Jabuti. El sello editorial Cuenco de Plata acaba de poner al alcance de los lectores argentinos, en una comprometida traducción de Teresa Arijón y Bárbara Belloc, dos de sus obras más celebradas, hasta aquí inéditas en español: La obscena señora D y Cartas de un seductor.
A la luz de esas ficciones se puede percibir que el interés esta “autora de culto” por lo narrativo es estricta y absolutamente poético: al punto que las propias traductoras no dudan en reconocerlas como “derivas inesperadas de su poesía”. La obscena señora D es el monólogo alucinado, onírico y asintáctico de una búsqueda de sentido por un personaje infraleve que no tiene nada porque lo ha abandonado todo (empezando por el nombre propio) y que encadena imágenes, sensaciones y meditaciones vagas refugiada en el vano de la escalera. El relato que apenas se sostiene de un argumento ínfimo es desbordado por una trama más propensa al enrarecimiento poético y a la dilación metafísica que a la ejecución narrativa. Sola, obscena, como una “criatura sin amparo y sin subterfugio” la escritura de Hilst se desdobla en una voz nostálgica que rememora o crea situaciones y diálogos que retornan una y otra vez, imaginariamente, a la consistencia de un elemento fálico perdido (Ehud, el Padre, Dios). Pero eso no alcanza para hacer de estos jirones de ficción una narrativa pornográfica.
A diferencia de los pornógrafos célebres, en esta primera novela Hilst va a la pornografía con culpa y con recelo, como va la poesía cuando no consigue ella misma articularse como transgresión. La aborda con una actitud cautelosa, calculando más el instante de la retracción que dejándose atraer por el universo abierto una vez cruzado ese límite. El resultado es una novela tibia que juguetea tímidamente con un lenguaje soez pero que a duras penas consigue rayar los tópicos menos interesantes del porno soft. Su relato se precipita por ello en este punto, si no en una confesión de impotencia, al menos en una imagen de mero coqueteo snob y superficial con la escena pornográfica. Y los mejores momentos del texto son aquellos en los que afirman, mediante una sintaxis dislocada, una puntuación experimental y una variedad notable de tonos y registros, una poética de la promiscuidad y una erótica de los lenguajes.
Escrita más de una década después, Cartas de un seductor parece ya exhibir la determinación de la autora paulista por aferrarse a una narrativa de otras pretensiones. No se trata ya de hacer literatura pornográfica (o de momentos pornográficos) sino de hacer de la pornografía misma una de las bellas artes. Si bien gesto enciclopédico, afirmado antes en citas y referencias implícitas, es provocativo y acumula ahora un sinnúmero de nombres propios de la alta literatura con el objeto de blindar con un semblante culto la ficción libertina (de Kierkegaard a João Silvério Trevisan, de Jean Genet y James Joyce a Foucault y la madre de Verlaine), la radicalidad de la apuesta estética de Hilst lejos está de circunscribirse a eso. Las cartas de Karl (el seductor) a Cordelia, la seducida hermana amante, proliferan en el viboreo temático que va desde el relato incestuoso a la referencia erudita o la divagación mística. El collage carga de vértigo y erotismo la sintaxis y el texto decanta hacia lo inacabado, como a merced de un flujo incesante que lo convierte en una suerte de work in progress. Cartas de un seductor no es pues una novela pornográfica sino un texto transgresivo que hace coincidir un tema con una pulsión. Su transgresión es la de una revuelta estilística que se vierte como una potencia de transformación poética y que se constituye como exploración de la fantasía de lo erótico.
El estilo transgresivo de Hilst desata una fuerza centrífuga que corrompe las convenciones genéricas del relato pornográfico. Alterando radicalmente sus formas, frustra las expectativas de la demanda pornográfica y pone al lector ante la extrañeza inquietante del saber, de lo sagrado, de lo inmundo, de lo intolerable y de lo reprimido.

*Aparecido bajo el título "Pornógrafa con recelo y con culpa", en Revista Ñ, 21/02/2015. p. 17.

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Maximiliano Crespi

Es licenciado en Letras por la UNSur y Doctor en Letras por la UNLP, especializado en Teoría y Crítica Literaria e Historia Cultural e Intelectual Argentina y Latinoamericana. Es docente e investigador del Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria (IdIHCS-FaHCE-UNLP) y del CONICET. Trabaja parte del Observatorio de Literatura Argentina Contemporánea (OLAC) y participa del Colectivo de Trabajo Intelectual “Materiales”. Ha colaborado con la Historia Social de la Literatura Argentina dirigida por David Viñas y con la Historia Crítica de la Literatura Argentina dirigida por Noé Jitrik. Antologó, editó y prologó obras de Jaime Rest, David Viñas y Raúl Antelo. Ha colaborado publicado textos críticos y teóricos en numerosas revistas especializadas y en diversos volúmenes colectivos. Es autor de Grotescos, un género (2006), El revés y la trama. Variaciones críticas sobre Viñas (2008), La conspiración de las formas. Apuntes sobre el jeroglífico literario (2011) y Jaime Rest: función crítica y políticas culturales (1953-1979). De Sur al CEAL (2013) y Los infames (2015).
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