Posted by : Maximiliano Crespi lunes, marzo 16, 2015

La ideología, solía decir Bajtín, no es una invención del escritor sino la materia indócil con la que el escritor trabaja. Por ello, su actividad productiva puede orientarse al menos en dos sentidos: como un “natural” y progresivo desarrollo de sus ideas matrices; o como una transgresión corrosiva que las expone en su arbitraria artificialidad. En esta última tendencia se inscribe Facsímil, la interesante apuesta experimental de Alejandro Zambra publicada por la hiperactiva Eterna Cadencia (en Argentina) y la notable Sexto Piso (México).
La condición de apuesta no juega un papel menor. “Zambra” es ya el nombre de un joven narrador celebrado compulsivamente por libros como Formas de volver a casa y Mis documentos. Tanto en la inflacionada novela como en el particularísimo volumen de relatos prima siempre la consistencia de una voz limpia y un tono moderado. Las historias están hiladas en una perspectiva homogénea de un narrador amable y seductor (con sutiles pero efectivos momentos de ironía) que, mediante una serie de recursos válidos, consigue establecer lazos de empatía con el imaginario lector. El paso más allá de esa prosa lograda (potente y a la vez segura de su potencia), de esa insolencia elegante y reconocida como una marca registrada en el catálogo delirante de las nuevas literaturas, da cuenta de que el deseo rige la condición ética de su escritura: la exigencia literaria es siempre la de una búsqueda, nunca la de la resignación conformista.
En Facsímil Zambra saca los pies del plato de los aplausos y ensaya un texto experimental, que –según la nota inicial– retoma estructuralmente la Prueba de Aptitud Verbal aplicada en Chile entre 1967 y 2002 para el ingreso a la universidad. El subtítulo (“Libro de ejercicios”) da cuenta de una exploración de riesgo, que experimenta sobre el esquema ideológico que pauta el amplio espectro del imaginario burgués de la clase media chilena latinoamericana –desde su universo privado a su horizonte político. Zambra toma el riesgo de jugar con aquellas estructuras discursivas que formalizan pedagógicamente el sentido (y por ello mismo el destino) en el espacio social.
Se trata de una operación calculada, en la que aflora una suerte de microfísica del sentido común. Y su resultado, a excepción de ciertos pasajes en los que amenaza en caer en la obviedad, pone al descubierto las escenas de lenguaje donde la ideología se carga como un caldo de cultivo. Describe (o más bien desnuda) la gradación creciente de las formas más elementales de cristalización hasta las más complejas, sutiles y determinantes de su gravitación en el orden del discurso. Pone en escena la carga semántica que se imprimen merced a una serie de operaciones de simplificación y naturalización de contenidos.
Todo sucede al nivel de los signos, de las proposiciones y de la argumentación con la que se describe y se proyecta una imagen del mundo. Exclusión, plan, ilación, supresión. Vallados de ambigüedad semántica, vibración metonímica, vacilación estructural, puentes colgantes de coherencia y coartadas de cohesión textual. Bajo esos accidentes tácticos y sintácticos la escritura del autor de Bonsai avanza como una crecida. Entonces, entre los restos de esas estructuras desguazadas, emergen, inesperadas, formas narrativas nuevas donde luego prenden, no sólo pequeños relatos, sino también instancias de tensión autorreflexiva donde el propio texto cuestiona y pone en discusión su sentido y su efectividad.
Es probable que Facsímil se parezca más al libro que Zambra quería leer que al que sus seguidores esperaban que escribiera. Sobre ese mismo dato hay que imaginar las peripecias de su destino.

Publicado en Revista Ñ, 14/03/15. 

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Maximiliano Crespi

Es licenciado en Letras por la UNSur y Doctor en Letras por la UNLP, especializado en Teoría y Crítica Literaria e Historia Cultural e Intelectual Argentina y Latinoamericana. Es docente e investigador del Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria (IdIHCS-FaHCE-UNLP) y del CONICET. Trabaja parte del Observatorio de Literatura Argentina Contemporánea (OLAC) y participa del Colectivo de Trabajo Intelectual “Materiales”. Ha colaborado con la Historia Social de la Literatura Argentina dirigida por David Viñas y con la Historia Crítica de la Literatura Argentina dirigida por Noé Jitrik. Antologó, editó y prologó obras de Jaime Rest, David Viñas y Raúl Antelo. Ha colaborado publicado textos críticos y teóricos en numerosas revistas especializadas y en diversos volúmenes colectivos. Es autor de Grotescos, un género (2006), El revés y la trama. Variaciones críticas sobre Viñas (2008), La conspiración de las formas. Apuntes sobre el jeroglífico literario (2011) y Jaime Rest: función crítica y políticas culturales (1953-1979). De Sur al CEAL (2013) y Los infames (2015).
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