Posted by : Maximiliano Crespi sábado, octubre 31, 2015

Hay dos formas antagónicas de plantear las relaciones entre poder y placer: una crece sobre la hipótesis de que, en ciertos casos, las fuerzas del deseo son capaces de abrir las condiciones de la libertad; la otra flirtea con ella de una manera superficial, invistiendo esa eventual apertura de una falsa naturalidad que acaba por liquidar toda su potencia transgresiva. Libertinos Plebeyos se inscribe alegremente en esta última tendencia, fetichizando las fuerzas del deseo en favor de una pose de coquetería e incorrección política.
Su “galería de personajes” lista un sugestivo tejido de nombres que se desgrana lánguidamente en la veleidad de la lectura. Sus objetos de deseo son extraños y excéntricos; pero, sustraídos la materialidad de los conflictos políticos en que estuvieron inmersos, pierden peso específico y se vuelven fatalmente anodinos. Más que como cuerpos vivos y activos son exhibidos como maniquíes huecos en la vidriera empañada del libertinaje domesticado.
La lógica es abiertamente comercial. Supone convivencia pacífica e inclusión (¡hasta “el indio tiene mucho que enseñarnos si queremos vivir en paz”!), licuar las diferencias, borrar la singularidad de las experiencias culturales y las tensiones políticas. El mapuche no sólo debe ser homologado al ranquel, al mataco o al ona, y estos al piel roja, al cherokee y al sioux, sino que, en la contracción al elemento erótico, todos ellos deben decantar en la imagen de la pornstar Christy Mack “(con sangre native american), originaria del estado de Indiana”. El inmigrante debe ser mostrado como un elemento de dispersión porque trae el deseo, la promiscuidad, el hacinamiento (“la muchedumbre de los pobres, los cabecitas, los gronchos, los grasas”); no por la atracción que pulsa la diferencia ideológica de sus proyectos colectivos. No debe haber nada de radicalidad, nada de extremismo. Menos aún violencia. Los libertinos de Fernández no son cínicos ni libertarios; son fantasmas elegantes, bon vivants, narcisistas refinados con coqueteos queer y estudiada figuración deseante. Sus “francotiradores” hacen blanco en la tibia comodidad de la corrección “progre”, pero sin hacerse cargo de sus deseos imaginarios.
El régimen del relato que los convoca resulta en efecto tan etéreo y afectado como su poder de convicción. En esta semblanza lavada del libertinaje plebeyo, la angustia de las influencias se diluye en referencias vaporosas y los magisterios críticos ceden paso a los oficios de taumaturgia. La compulsión a la analogía (que define el pulso del relato) lo pone sin embargo por momentos ante isomorfismos inesperados que exponen aspectos recusados en sus objetos. Pero la verdad del ensayo emerge concretamente en esos pasajes que, como la provocativa defensa del “demonizado menemismo” (como puente ideológico entre el peronismo y el kirchnerismo), reenvían la lectura al crepitante elogio de un Palermo que se recorta sobre el modelo de ciudad macrista.
Tanto por sus fantasías políticas como por su mezquina superstición ética, el ensayo de Fernández se afirma pues como una confesión velada: la de ideal de “yo protagónico” que juega al flaneur libertino pero se sueña integrado a un orden de propiedad y posesión fetichista: “acá tengo mi casa”, “mi café”, “mi librería”, “mi gimnasio”, “mi cigar bar”, “mi restó”, “mis prostitutas”, “mi rutina”: “mi espacio de libertad”. No es difícil entender ese sueño; lo difícil es compartirlo.

*Texto aparecido en Revista Ñ, sábado 31/10/15. p. 21.

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Maximiliano Crespi

Es licenciado en Letras por la UNSur y Doctor en Letras por la UNLP, especializado en Teoría y Crítica Literaria e Historia Cultural e Intelectual Argentina y Latinoamericana. Es docente e investigador del Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria (IdIHCS-FaHCE-UNLP) y del CONICET. Trabaja parte del Observatorio de Literatura Argentina Contemporánea (OLAC) y participa del Colectivo de Trabajo Intelectual “Materiales”. Ha colaborado con la Historia Social de la Literatura Argentina dirigida por David Viñas y con la Historia Crítica de la Literatura Argentina dirigida por Noé Jitrik. Antologó, editó y prologó obras de Jaime Rest, David Viñas y Raúl Antelo. Ha colaborado publicado textos críticos y teóricos en numerosas revistas especializadas y en diversos volúmenes colectivos. Es autor de Grotescos, un género (2006), El revés y la trama. Variaciones críticas sobre Viñas (2008), La conspiración de las formas. Apuntes sobre el jeroglífico literario (2011) y Jaime Rest: función crítica y políticas culturales (1953-1979). De Sur al CEAL (2013) y Los infames (2015).
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