Posted by : Maximiliano Crespi jueves, enero 21, 2016

Por Flavio Lo Presti 

Maximiliano Crespi es uno de los críticos jóvenes más importantes de la Argentina. BInvestigador de Conicet y doctor en Letras por la UNLP, una de las cabezas de la impecable editorial bahiense 17grises, desde su trinchera de Villa Crespo viene realizando, por fuera de la academia, un intenso (y a veces rabioso, a cara de perro) trabajo de lectura de sus contemporáneos en Revista Ñ, el suplemento de cultura del diario Clarín. Este viernes presenta en Córdoba Los infames. La literatura de derecha explicada a los niños. En el libro, Crespi expone un marco de lectura crítico para la literatura argentina reciente, planteando la existencia de tres realismos dominantes y haciendo foco en el que llama realismo infame: un realismo que “pone en crisis la consistencia ideológica tanto del realismo de derecha como del realismo progre-humanista”. Con generosidad particular hacia la literatura cordobesa, Crespi lee panorámicamente a sus colegas, a la generación anterior y a sus contemporáneos (Carlos Godoy, Luciano Lamberti, Federico Falco y un largo etcétera) para trazar un mapa del presente.

–¿Cuál es tu manera de enfocar el realismo, y desde dónde lo hacés?
 –El enfoque del realismo que se plantea en Los infames opera en dos direcciones articuladas entre sí: como poética de género en las producciones narrativas contemporáneas y como régimen de elaboración imaginaria de la realidad social y sus contradicciones. 

 –¿Cuáles son esos tres tipos de realismos que pensás como principales en la escena argentina?, ¿cómo los definís, y si es posible, qué virtudes y defectos encontrás en ellos?
 –Los tres tipos de realismos que se pueden percibir en el plano de la producción estética contemporánea nacional constituyen respuestas de articulación ideológica a un determinado momento histórico de la configuración social y cultural argentina. Hay un realismo pacato y conservador que subsiste de manera residual engordando el canon de las universidades; un realismo progresista que durante la última década y media alcanzó cierto lugar hegemónico sangrando la vena de la buena conciencia y la mala fe; y, finalmente, como emergente de un estado de hastío ideológico que en los últimos años empezó a tomar cuerpo, un realismo infame, cuya infamia, cuyo cinismo, cuya indefinición ideológica parece corresponderse con una imaginación posapocalíptica que se sueña cruzando el desierto del día después de las ideologías. Ese es un sueño falso, es decir, un sueño de verdad. Pero también es un sueño laico, que se quita a la vieja tradición de la pedagogía ideológica. 

–¿Cuál te parece que es la función de la crítica? ¿Qué es un crítico?
–La función de la crítica es la de interrogar el texto de la literatura o de la cultura en sus opacidades, en sus contradicciones, en sus zonas ciegas. Un crítico es un animal sucio que hociquea en el tacho de basura de los vecinos para averiguar qué comen. Me queda pendiente averiguar cómo funciona el aparato digestivo de los escritores contemporáneos que escriben literatura fantástica y ciencia ficción. 

–¿Dónde se puede leer crítica literaria interesante? ¿A quiénes leés y por qué?
La buena crítica no tiene la costumbre de crear puntos de reunión sino puntos de dispersión. Quiero decir: ser crítico es asumir que la lista de amistades es una suerte de cuenta regresiva. Leo a mis contemporáneos con suma atención. Hay ahí mentes vitales y muy dispuestas a inventar caminos nuevos para el pensamiento crítico. Sebastián Hernaiz, Ana Orsi, Diego Cousido, Hernán Vanoli, Mariano Canal, Daniel Gigena. Después están los clásicos que todavía o por momentos se descubren jóvenes: María Moreno, Luis Guzmán, Martín Kohan, María Pía López. La lista es larga.

–¿Qué destino esperás para el libro? ¿Hay algo que sientas que no ha sido dicho en Los infames y que quieras apuntar acá?
–Espero que se lea y se olvide pronto. Lo importante de un libro de crítica es que ayude a otros lectores a elaborar sus propias lecturas, ya sea por prolongación de las ideas que contiene o por rechazo. El libro dice demasiadas cosas. Que las diga de manera no siempre clara o correcta, es algo que no se puede remediar. Lo que hay que hacer es seguir pensando, trabajando con las ideas. Un libro es un momento de condensación de un pensamiento. Pero no necesariamente es el único ni el mejor.

Los infames (Momofuku, 2015)

Perfil. Maximiliano Crespi nació en Oriente (Buenos Aires), en 1976. Es crítico y ensayista. Doctor en Letras (UNLP), docente universitario e investigador de CONICET (Argentina) y del CIALC (Unam, México). Integra el Observatorio de Literatura Argentina Contemporánea (OLAC) y participa del Colectivo de Trabajo Intelectual Materiales. Ha publicado El revés y la trama. Variaciones críticas sobre Viñas (2008), La conspiración de las formas. Apuntes sobre el jeroglífico literario (2011) y Jaime Rest (2013).

Ciudad X, suplemento literario de La Voz del Interior, Córdoba, 14 de enero de 2016. p.12.

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Maximiliano Crespi

Es licenciado en Letras por la UNSur y Doctor en Letras por la UNLP, especializado en Teoría y Crítica Literaria e Historia Cultural e Intelectual Argentina y Latinoamericana. Es docente e investigador del Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria (IdIHCS-FaHCE-UNLP) y del CONICET. Trabaja parte del Observatorio de Literatura Argentina Contemporánea (OLAC) y participa del Colectivo de Trabajo Intelectual “Materiales”. Ha colaborado con la Historia Social de la Literatura Argentina dirigida por David Viñas y con la Historia Crítica de la Literatura Argentina dirigida por Noé Jitrik. Antologó, editó y prologó obras de Jaime Rest, David Viñas y Raúl Antelo. Ha colaborado publicado textos críticos y teóricos en numerosas revistas especializadas y en diversos volúmenes colectivos. Es autor de Grotescos, un género (2006), El revés y la trama. Variaciones críticas sobre Viñas (2008), La conspiración de las formas. Apuntes sobre el jeroglífico literario (2011) y Jaime Rest: función crítica y políticas culturales (1953-1979). De Sur al CEAL (2013) y Los infames (2015).
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