Posted by : Maximiliano Crespi domingo, junio 12, 2016

En las páginas iniciales de Less Than Nothing, Slavoj Žižek hace notar que la idea de optimismo que efusivamente se milita en la pecera neoliberal del mundo presente es la máscara con la que se intenta conjurar el precio de la alienación. La cadena de mediaciones banales garantiza la eficacia publicitaria de la “autoayuda” y de algún modo recrea una fantasía de felicidad obligatoria que coagula en falsa conciencia. Terry Eagleton, para quien el filósofo esloveno es un “autor sospechosamente fascinado por lo Real” (“eso traumático e impenetrable”, eso “cruel, obsceno, vacío, insignificante” y “encantadora y obstinadamente atroz” que “nos hace ser lo que somos”), presenta en este libro una ecléctica meditación que promete exorcizar las entusiastas mistificaciones del voluntarismo y de la resignación cínica, enfrentándolas a una idea de esperanza entendida como un “residuo irreductible” cuya potencia efectiva radica en el hecho de persistir activo aun ante la inminencia del desastre.
Escrito en un tono ameno y casi frugal, Esperanza sin optimismo está muy lejos de ser un ejercicio de erudición académica. Sus sutilezas irónicas, sus ocurrencias socarronas y sus livianas referencias a la literatura y el teatro lo ponen más del lado de los ensayos de divulgación como El sentido de la vida que de los laboriosos tratados como Ideología. El enfoque amplio y la elegancia secular de la prosa prevalecen sobre el rigor del abordaje del tópico de la esperanza en los anaqueles de la biblioteca occidental.
El tono del ajuste de cuentas corrobora la arbitrariedad y la libertad de la intervención ensayística. Haciendo gala de su reconocida reputación de polemista, Eagleton escribe a contrapelo. Desarma con paciente destreza el optimismo fatalista de Matt Ridley confrontando, a su spenceriana fe liberal en el progreso de la inteligencia colectiva y el capitalismo, los argumentos corrosivos de materialismo histórico –sin por eso dejar de ironizar sobre el “optimismo entusiasta” de un Trotski o las variantes sensibles del “progresismo ingenuo”. Pero Eagleton también hace pie en su importante formación católica para recorrer los respectivos debates al interior de la teología cristiana. No extraña pues que el capítulo más extenso del volumen sea justamente el que reflexiona sobre descamación teológica del concepto de esperanza, donde los planteos de Tomás de Aquino y Kierkegaard retornan en los de Spinoza, Pieper y Derrida. Tampoco sorprende que se plante en la perspectiva del duro escepticismo frankfurtiano para leer El principio de esperanza de Ernest Bloch. Lo que aparece casi como una iluminación es la mordacidad con que, ante ese texto monumental y marginado de las consideraciones del marxismo occidental, la lectura llega una conclusión tan provocativa como productiva para su propia hipótesis de trabajo: las casi seiscientas páginas de Bloch sólo permiten confirmar que lo único esperable es la esperanza misma.
En la ironía germina siempre una verdad. La esperanza auténtica es para Eagleton esencialmente trágica. Se afirma como una suerte de “revolución permanente”, contra la complacencia política y contra la desesperación metafísica. Como toda poesía de futuro, insiste sobre lo imposible porque se niega a aceptar la lógica extorsiva de lo necesario. Hay esperanza en el desastre, en la extinción de la vida. La “esperanza sin optimismo” es, en efecto, como sostiene Žižek, la piedra angular de una religión laica y subversiva para tiempos aciagos: “aquella que puede salvarse, sin ninguna garantía, de una disolución general”.

*Publicado en Revista Ñ, sábado 11 de junio de 2016.

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Maximiliano Crespi

Es licenciado en Letras por la UNSur y Doctor en Letras por la UNLP, especializado en Teoría y Crítica Literaria e Historia Cultural e Intelectual Argentina y Latinoamericana. Es docente e investigador del Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria (IdIHCS-FaHCE-UNLP) y del CONICET. Trabaja parte del Observatorio de Literatura Argentina Contemporánea (OLAC) y participa del Colectivo de Trabajo Intelectual “Materiales”. Ha colaborado con la Historia Social de la Literatura Argentina dirigida por David Viñas y con la Historia Crítica de la Literatura Argentina dirigida por Noé Jitrik. Antologó, editó y prologó obras de Jaime Rest, David Viñas y Raúl Antelo. Ha colaborado publicado textos críticos y teóricos en numerosas revistas especializadas y en diversos volúmenes colectivos. Es autor de Grotescos, un género (2006), El revés y la trama. Variaciones críticas sobre Viñas (2008), La conspiración de las formas. Apuntes sobre el jeroglífico literario (2011) y Jaime Rest: función crítica y políticas culturales (1953-1979). De Sur al CEAL (2013) y Los infames (2015).
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